martes, 13 de abril de 2010

Deporte base

  Muchos de nosotros hemos visto algún partido de cualquier deporte. Pero no de ese deporte capitalista que se basa en el negocio y en las camisetas vendidas. Yo me refiero al deporte puro, a ese deporte practicado con pasión y entusiasmo. Hablo, concretamente, del deporte base. Todos hemos visto algún partido de fútbol en el que los niños corren detrás del balón mientras hay un entrenador que intenta poner orden entre tanto caos alegre. Siempre que vemos esto oímos a las madres gritar animando desaceleradamente: ¡ese es mi niño!. Es mas, seguro que muchos hemos sido ese niño.

En muchos casos, como el mío, el deporte base comienza a practicar desde muy pequeños. A los 7 años todos estábamos con un balón en el pie imaginando que éramos el nuevo Messi, o el nuevo Puyol. Por supuesto, la realidad era muy distinta. Sólo piensan en jugar, y jugar y jugar y correr detrás de la pelota alegremente intentando dar más de dos pasos con el balón controlado. Entre tanto jaleo, siempre hay un entrenador que trata de poner orden mediante entrenamientos con conos. En muchas ocasiones, parece una tarea difícil e imposible. Los padres se lo toman como un simple juego de niños y no le dan mayor importancia. Pero, sorprendentemente, el entrenador consigue educar a los niños e introducirlos cada vez más en la competición. Hasta este momento, si a un niño le decías que jugara en el centro del campo, se lo tomaba al pie de la letras y no salía del círculo central. Después de esto, los niños comienzan a mejorar su técnica, incluso a hablando. Ya no se trata de un equipo de calle, sino de un EQUIPO. Esto ocurre hasta el punto que incluso los madres comentan el partido con sabiduría y se contentan con ganar y jugar bien. Pero, aun así, sigue siendo un juego alegre donde participar es lo que importa.

A medida que crecemos el fútbol también evoluciona. Se vuelve cada vez más agresivo y ya no puedes tener miedo. No se tolera el miedo. En primer lugar, los entrenadores aumentan su nivel de exigencia y el interés no es pasarselo bien sino que el club gane lo cual me parece correcto. Ya no hay equipillos mediocres a los que les puedes marcar 20 tantos con los suplentes. Ahora, los jugadores van a ganar como sea y entran con todo. A ciertas edades, empiezas a ver entradas muy duras. Incluso los padres se vuelven más agresivos y gritones. De hecho, en algunos pueblos los esperan con palos, insultan y se pelean entre ellos. Es entonces cuando el deporte pierde su inocencia alegre y divertida y se convierte en una competicón pura y dura.

Pero después de todo, a mí el deporte base y en concreto el fútbol, me ha encantado. Cuando era pequeño lo importante era jugar, aunque íbamos a ganar por supuesto pero éramos todos amigos y no había problemas en el equipo. Los padres formaban un grupo también y todo era armonía. Poco a poco fui creciendo y el equipo se fue renovando pero el ambiente siguió igual. Sí es verdad que el fútbol cambiaba y el objetivo ante todo era ganar, pero aun así fuimos capaces de mantener el ambiente. Por eso disfrutaba tanto al jugar al fútbol y me daba igual la agresividad del contrario, la mia, la de los padres,… Yo sólo quería jugar al fútbol, hacer deporte y disfrutar. 

Microrrelato

Oyó un agudo y sonoro brindis. Ella observaba el salón sentada ante la atenta mirada del centinela. Debía aguantar los nervios y mantener los modales. Después de una larga e impaciente espera la puerta del estudio se abrió. Aguardaba la respuesta de su padre entre lágrimas y con el anillo aun entre sus dedos.

Poema nº4

ES LA MAÑANA LLENA DE TEMPESTAD
en el corazón del verano.

Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes
el vientos las sacude con sus viajeras manos

Innumerable corazón del viento
latiendo sobre nuestro silencio enamorado

Zumbando entre los árboles, orquestal y divino
como una lengua llena de guerras y de cantos

Viento que lleva en rápido robo la hojarasca
y desvía las flechas latientes de los pájaros

Viento que la derriba en ola sin espuma
y sustancia sin peso, y fuegos inclinados
Se rompe y se sumerge su volumen de besos
combatido en la puerta del viento del verano.

domingo, 4 de abril de 2010

PS Adjetivas especificativas y explicativas

Según su significado las proposiciones subordinadas adjetivas pueden se:

            - Subordinadas adjetivas especificativas: Estas proposiciones delimitan la extensión significativa del antecedente, seleccionando el objeto o la persona a la que se refiere.
                 Me puse la camisa que me regalaste.
                            Antecedente    PS Adj especificativa

Visualmente, podemos decir que las adjetivas especificativas no van entre comas.


             - Subordinadas adjetivas explicativas: Las proposiciones explicativas se limitan a aportar un rasgo o cualidad de la realidad designada por el antecedente.
                    Mi casa, que está en el centro de Madrid, es muy pequeña.
                         Ant.                PS Adj explicativa

Visualmente, las explicativas van entre comas.

Subordinación adjetiva(II)

Las proposiciones adjetivas cumplen la función de adyacente de un sustantivo(llamado antecedente) y están, por tanto, dentro de un sintagma nominal.
                                 det.  N(sust)   Ady. (Ps Adj)
        Me gustó mucho el libro que me prestaste > libro (antecedente)


El relativo que encabeza la proposición subordinada cumple, dentro de esta, una función sintáctica. Para averiguarla, debes analizar por separado la subordinada, sustituyendo el relativo por su antecedente.
                 Me gustó mucho el libro que me prestaste.
                                                               PS Adj 

PS Adj: que me prestaste > me prestaste el libro > me lo prestaste 
                                                                                                 CD 
                                              CD
     Me gusto mucho el libro que me prestaste.
                                                 Ady (PS Adj)


En proposiciones adjetivas los pronombres y adverbios relativos pueden tener una preposición delante. Es entonces cuando la preposición forma con el relativo una construcción preposicional incluida en la proposición subordinada.
                                    Es la mujer de quien de hable.
                                                           Ady (PS Adj)

Para analizar en oraciones compuestas PS Adj se realiza el siguiente procedimiento:
         1) Señala los verbos que aparecen en la oración. 
         2) Localiza el nexo que encabeza la subordinada y comprueba que se trata de un relativo, sustituyéndolo por el cual, la cual, los cuales, las cuales.
         3) Identifica el sustantivo antecedente.
         4) Delimita la PS y asígnale la función de adyacente dentro del sintafma nominal que tiene como núcleo a su antecedente.
         5) Analiza internamente la proposición subordinada adjetiva; no olvides especificar la función que desempeña el relativo.
         6) Complementa el análisis del resto de la oración.

sábado, 3 de abril de 2010

Subordinación adjetiva(I)

Las proposiciones subordinadas adjetivas son aquellas que equivalen a un adjetivo calificativo.
          Me gustan las películas que duran poco  > Me gustan las películas cortas.


Las proposiciones subordinadas adjetivas que estudiaremos este curso pueden aparecer introducidas por los siguientes elementos:
          - Los pronombres relativos que, quien, quienes, el cual, la cual, los cuales, las cuales:
            Me presentaron a María, que es abogada > Me presentaron a María, la cual es abogada.

          - El adverbio relativo donde:
          El barrio donde vivo tiene un parque precioso > El barrio en el cual vivo tiene un parque precioso.

          - El adjetivo relativo posesivo cuyo:
            La ciudad, cuyo alcalde era muy emprendedor, había cambiado mucho > La ciudad- el alcalde de la cual era muy emprendedor - había cambiado mucho.


Reconocimiento:
Hay que comprobar que el relativo que la encabeza se pueda sustituir por el cual, la cual, los cuales, las cuales, precedidos, a veces, de una preposición.
       Juan, que estaba enfermo, no fue. > Juan, el cual estaba enfermo, no fue.

domingo, 28 de marzo de 2010

Nuestro Delibes, mi Delibes

La muerte de Miguel Delibes lo ha convertido en el escritor español más importante del siglo XX, o en uno de los tres mejores, o en uno de los diez... que más da. El autor no parecía inquietarse por el lugar que ocupaba en esas listas.

POR MAR LANGA PIZARRO

Me gustaría pensar que cuando se publique este artículo usted habrá desempolvado algún libro de Delibes (1920-2010), tras recibir el caudal de reseñas, declaraciones y valoraciones. Por arte y gracia de su defunción, como señalaba en este diario Ángel L. Prieto de Paula, lo hemos convertido en el escritor español más importante del siglo XX, o en uno de los tres mejores, o en uno de los diezÉ qué más da. Al contrario que otros miembros de su generación, Delibes no parecía inquietarse por su lugar en esas listas, siempre interpretables, siempre ficticias.
El pasado fin de semana, un amigo que reconocía haber disfrutado con Diario de un cazador y El hereje, calificaba a Delibes de "asesino de animales castellanos", "triste, aburrido, sólo escribió novelas que ya estaban pasadas de moda cuando las imaginó". Se burlaba de la prosa usada por el autor, imitándola sarcásticamente con esta frase: "sopla el viento del moro entre las cepas, anida la perdiz roja en los ribazos y empata el Sevilla C. de F. con el Deportivo de La Coruña". Habrán comprendido que ese amigo es un lector empedernido, posee una capacidad crítica nada desdeñable, y hace gala de un fino sentido del humor. Por ello, su frase integra muchas de las particularidades de nuestro escritor: su pasión por la palabra justa, su conocimiento del mundo rural, sus más queridas aficiones.
Me vi obligada a responderle que, aunque Delibes solo hubiera escrito Cinco horas con Mario y El hereje, ya merecería estar en los manuales. Añade a estas credenciales su honestidad, su interesante evolución, el continuo pacto con su público, su solvencia para incorporar novedades formales sin desentenderse del argumento, la exactitud austera de sus palabras, y la lucidez para juzgarse sin piedad (nadie ha criticado con más saña que él La sombra del ciprés es alargada, premiada con el Nadal en 1947).
Quienes cursamos COU (el ¿equivalente? al actual Segundo de Bachillerato) conocimos su narrativa por una lectura que, desde las primeras páginas, pasó de "obligatoria" a deleitosa: Cinco horas con Mario (1966). Como recordarán, durante el velatorio de su marido, Carmen lee pasajes de La Biblia y se enzarza en un apasionante monólogo lleno de leitmotiv. Gracias a su verborrea, esa mujer conservadora y católica nos muestra sus insatisfacciones, sus aspiracionesÉ y las grietas apenas perceptibles de su existencia. Tras las quejas reiteradas, aparece la figura de Mario, un intelectual comprometido que ejerce como catedrático de instituto, periodista y escritor. La historia de ambos es un camino plagado de silencios y desencuentros, una metáfora de dos modos de entender la realidad, de dos opciones vitales y políticas. Podría detenerme en comentar su adscripción al realismo social, renovado con continuos saltos temporales, repeticiones, ampliaciones, discurso libre de conciencia... Optaré por la fidelidad a la estudiante que era entonces: ignoro si percibí todo eso y, desde luego, no fue lo que me interesó de la novela.
Delibes me sedujo por su capacidad para perfilar personajes sin el sustento de un narrador; y por la falta de maniqueísmo. Al cerrar el libro, me sentí claramente partidaria de Mario, ese hombre valiente al que "le había tocado en suerte" aquella esposa pacata y banal. Días después, no dejaba de reprocharle al marido su egocentrismo, su incapacidad ya no para hacer feliz a la mujer con la que se había comprometido, sino incluso para tenerla en consideración. Pocas novelas me han conducido a una dicotomía semejante. Y muy pocas lo han hecho con tal sutileza. La adaptación teatral se mantuvo muchos años en cartel, y se llevaron al cine El camino, Mi idolatrado hijo Sisí, El príncipe destronado (La guerra de papá, que tanto me divirtió en mi infancia), El tesoro, La sombra del ciprés es alargada, Las ratas, Diario de un jubilado y las magníficas Los santos inocentes y El disputado voto del señor Cayo. La prosa de Delibes posee concisión, hondura, descripciones detalladas, diálogos cuidados, humor inteligente; ingredientes muy atractivos para las adaptaciones. Además de las obras citadas, puede que usted recuerde Diario de un cazador (1955, Premio Nacional de Literatura), Siestas con viento sur (1957, Premio Fastenrath), La hoja roja (1959, Premio Juan March), "Las ratas" (1962, Premio de la Crítica), Las guerras de nuestros antepasados (1975), Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso (1983), 377A, Madera de héroe (1987), Señora de rojo sobre fondo gris (1991).
Me conmovió especialmente su novela histórica El hereje (1998, Premio Nacional de Narrativa). La publicó tres años después de que hubiera anunciado su retirada de la literatura. Afortunadamente, no cumplió. El hereje narra el proceso inquisitorial contra un grupo reformista en el Valladolid de Carlos I. Una vez más, el autor consigue convertir en héroes a los perdedores, retratar con fidelidad una época, abogar por la libertad y por la separación entre Estado e Iglesia, mostrar las luchas internas que acechan a los seres humanos. Todo ello, con un lenguaje sin fisuras, y una trama sin trampas.
Postulado para el Nobel en diversas ocasiones, Delibes logró los mayores galardones españoles: el Premio Príncipe de Asturias 1982, el Nacional de las Letras 1991, el Cervantes 1993É Además, se negó a participar en aquellos que le ofrecieron bajo mano, a pesar de su atractiva remuneración. Parafraseando uno de sus títulos, lo podríamos proclamar representante de Un mundo que agoniza. Sabemos por quienes le querían que, en los últimos años, pensaba más en la muerte que en la vida. La primera ya le ha llegado. De la segunda, siempre nos quedarán sus libros. No me alargo más: vuelvan a su cita con Delibes. Que la disfruten.