miércoles, 6 de noviembre de 2013

Lover of the Light

Me desperté temprano aquella mañana risueña en medio de la luz. No podía dormir ni tenía ganas. Un cierto nervio me temblaba y recorría todo mi cuerpo a la vez que la calma y las brisas mañaneras me tranquilizaron momentáneamente. El calor de las sábanas me atrajo y me refugié en ellas durante varios minutos. Pensativo, permanecí entre algodones durante un buen rato. No obstante, los primeros rayos de sol que se asomaban por la ventana  me recordaron que había que levantarse. Empezaba un nuevo y esperanzador día.

Me levanté con tranquilidad, más atento y nervioso de lo habitual; fijándome en cada detalle, en cada color, textura y olor de mi alrededor. Todo parecía cobrar un sentido fuera normal, como si estuviera preparado a la espera de que algo sucediera. Quise observarlo todo y ser consciente de cada brisa, de cada latido y movimiento que sentía en mi cuerpo. Recorría mi casa en busca de la cocina disfrutando de la comodidad de mi pijama mientras aquella canción sonaba de fondo en mi cabeza: “In the middle of the night…”. Preparé delicadamente el desayuno. Veía cómo las gotas de la leche golpeaban el vaso, cómo el pan se endurecía convirtiéndose en tostada, cómo luz se reflejaba en los cristales y llenaba de color el lugar. Sonreía y disfrutaba al ver los pequeños detalles, como si de repente descubriera pequeños universos dentro del nuestro. Pequeños mundos llenos de vida que estuvieron siempre ahí y que, hasta ese momento,  nunca me llamaron la atención. “Over and over”.

Sin querer derramé unas gotas de leche. Para un momento. Las observé tendidas en la madera. Me recordaban algo. Toda aquella sensación de nerviosismo escondía un miedo. Un miedo que más que nunca era muy real y posible. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y di un brinco. Las dudas empezaron a atormentarme. Las manos me temblaban y por momentos no fui capaz de sostener los cubiertos. Interrumpí el desayuno. Intentaba convencerme en voz alta de que todo estaba bien, de que todo iría bien. Lo intentaba razonar, dar una explicación sensata. Pero no había argumento posible sin que estuviera afecta por la crudeza del azar y la suerte. El pasado lejano y la posibilidad de que volviera me atormentaban. Confié en la repetición de los resultados de los últimos años. Reí en un intento de calmarme y continué el almuerzo. “Never again”.

De repente sonó el teléfono. Ahí estaba todo. Las pulsaciones se me aceleraron y me levanté  rápidamente, como el que sabe que se juega una parte muy importante de su vida. En aquel trayecto desde la cocina al teléfono el pasillo se alargó, las piernas me temblaban y cada paso era un constante esfuerzo mientras el timbre telefónico sonaba de fondo. Apenas pude pulsar el botón verde de llamada…

Lo estaba entendiendo todo, hasta que oí aquellas palabras. Luego aquella voz se difuminó en mis pensamientos y me absorbí en mi mundo. Pregunte varias veces más para asegurarme y luego le di mil gracias.

No era consciente de lo que acababa de suceder. De pronto, todo ese mundo de detalles que unos minutos antes me había asombrado pareció desaparecer. Di un par de vueltas por la casa intentando distraerme para mantener mi mente ocupada y disimular mi desconcierto aunque era imposible. Vivía en una pequeña burbuja mental que me aislaba de lo que me rodeaba y me impedía pensar con claridad. Estaba en blanco y el tiempo, siempre tan oportuno, se había parado. Me vestí básicamente porque intuía que más tarde saldría a la calle aunque no sabía para qué. Y después, seguí dando vueltas lleno de desconcierto. Curiosamente, la abstracción carecía de contenido y significado y en ningún momento supuso una ventaja, sino todo lo contrario, fue un castigo. Mi mente estaba definitivamente sin hogar y estéril de pensamiento mientras se esforzaba, en vano, por regresar. “Homeward, homeward,..

De causalidad, me topé en mi habitación con la foto de mi familia. De repente, la burbuja se rompió como un jarro de agua fría mostrándome la realidad que por momentos parecía haber desaparecido. Entró el aire y respiré fuerte, muy fuerte (“Breath in and breath out”). Eché un vistazo rápido a los álbumes de fotos. Recordé todos aquellos momentos que formaban parte de la memoria colectiva de aquella familia, especialmente de la memoria de la persona que me había acompañado desde su nacimiento. Todos esos partidos de fútbol, los domingos en la playa, los FIFAs, las discusiones, todas las bromas, las risas, las vaciladas y las discusiones, las peleas en defensa del otro, todas las cenas y las comidas, los consejos y las conversaciones,….Era el recuerdo de una vida que en parte no era la mía. Las lágrimas ya empezaban a asomarse mientras hacía un esfuerzo por retenerlas.

La voz de la llamada volvió a sonar en mi cabeza susurrando las palabras que tanto me habían colapsado. Me acordé entonces de los comienzos de mi infancia de la que apenas tengo recuerdo. Me vinieron a la cabeza todas las tristes historias que mis padres me habían contado sobre mi hermano y su estancia en el hospital, ese centro lleno de héroes que tratan de corregir las injusticias de la naturaleza. Cómo todo se torció aquella noche en la que parecía que se iban a romper nuestras vidas. Las esperas interminables de mi familia fuera del quirófano, las curas, y todos y cada uno de los resultados de las pruebas. Tantos meses de dolor y sufrimiento, tantos recuerdos que olvidar. La voz del teléfono volvió otra vez a sonar en mi cabeza, esta vez no puede evitar ni las lágrimas ni la sonrisa.

Porque llevábamos años esperando aquella noticia. Porque, con todo lo que había sufrido y soportado, mis padres se la habían ganado a pulso. Mis padres, mis ídolos,  son ejemplo a seguir hasta en estas situaciones. Porque hoy es un día para recordarlo y para celebrarlo. Hace casi 13 años a mi hermano Víctor le detectaron un tumor cerebral y no con buen pronóstico. Tras años de lucha y espera, ¡HOY A MI HERMANO LE HAN DADO EL ALTA!. Porque por fin podemos decir oficialmente que está curado. ¡Por fin!. ¡Enhorabuena a la familia!. Punto y final a un ciclo duro. “¡LOVER OF THE LIGHT!”.


sábado, 2 de noviembre de 2013

Paradoja histórica

Alguien dijo alguna vez que la historia la escriben las personas. ¿Qué pasa cuando hay personas que no saben escribir?.

La lección

Quizá fue la empatía o la rebeldía, o ambas. El caso es que se inmiscuyeron demasiado en los problemas de los demás, que también eran los suyos. “No debían haberlo hecho” clamaban desde arriba, aunque desde dentro ellos se decían lo contrario. Con o sin razón, se les castigó con un simulacro de neutralidad de por medio. Luchar por los derechos estaba prohibido, pues eran privilegios según algunos, he ahí la sutil diferencia. No se sabe ni cómo ni cuando, pues todo había sucedido demasiado rápido. Las pocas voces valientes en defensa de los ajusticiados se disolvieron entre golpes. Habían armado demasiado escándalo jugando a ser héroes de primera. Quizás lo fueran, quizá no. El tiempo decidiría.

Años más tarde, víctimas y verdugos cantaban juntos, con mecheros encendidos, aquello de: “¡Hey, teachers, leave the kids alone!”.