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sábado, 21 de noviembre de 2009

El paisaje romántico(IV). La nieble y tiniebla.


Caspar Friedrich.- El viajero sobre el mar de nubes.
En el Romanticismo, la relación entre el hombre y la naturaleza, no es diáfana sino misteriosa. Argullol explica que el paisaje medieval estaba basado en una simbología teocrática, en la claridad y la luminosidad. El Romanticismo difumina la forma de la naturaleza. Citamos al mismo Caspar Friedrich: " Un paisaje desarrollado en la bruma aparece más vasto, más sublime, incita la imaginación (...). El ojo y la imaginación se sienten generalmente más atraídos por lo vaporoso y lejano que por lo que se ofrece próximo y claro a la mirada".
Este es uno de los cuadros que he visto que más me gustan. Además, se da otra característica de la que habla el libro: es el tema de la contemplación. A los románticos les gustaba dibujar a personajes contemplando la naturaleza. Es decir, dibujaban la contemplación de la contemplación.
Con esta entrada termino el apartado del paisaje romántico aunque el tema da para mucho más. 

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Canción del Pirata

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.
La luna en el mar riela
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Istambul:

Navega, velero mío
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.


Allá; muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí; tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pechos mi valor.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.


A la voz de "¡barco viene!"
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.


¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna antena,
quizá; en su propio navío.

Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.


Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar. 


Canción del Pirata
José  Espronceda


 Estudiamos esta canción de Espronceda hace tres semanas. Este autor, es uno de los más importantes dentro del Romanticismo español. Hoy en día es muy conocido por esta canción, que todo el mundo ha estudiado y que ha pasado de padres a hijos.

domingo, 1 de noviembre de 2009

El paisaje romántico(III). El triunfo de la muerte


 La invocación a la muerte es otra de las características del Romanticismo. Para Argullol, el artista romántico desciende a los infiernos en busca de la plenitud. "Infierno y cielo marchan a la par como imágenes simbólicas de los grandes procesos de contradicción: muerte y belleza, fin y nacimiento, destrucción y creación, dolor y placer..."
El cuadro que vemos aquí es una obra  de John Martin. Se titula  El gran día de su ira  y nos representa el fin del mundo. A mí me parece un cuadro espectacular porque nos hace sentir insignificantes ante el poder destructor de la naturaleza.


El autor del cuadro es: John Martin

jueves, 15 de octubre de 2009

El paisaje romántico (II). Las ruinas

Otro de los temas habituales de la pintura romántica es la fascinación por las ruinas. Cuando vemos un cuadro como el de abajo, la reflexión que hacemos nos sugiere un sentimiento de melancolía. Sin embargo, para Rafael Argullol, lo que hay es un sentimiento de admiración a las construcciones del genio de los hombres y, al mismo tiempo, a la potencia destructora de la naturaleza y del tiempo.



El autor del cuadro es: Caspar David Friedrich

lunes, 12 de octubre de 2009

El paisaje romántico. El paisaje como desposesión

Voy a hacer unas entradas sobre el Romanticismo en las que voy a seguir un libro de Rafael Argullol titulado La atracción del abismo.  Lo que quiero es llegar a  comprender el Romanticismo a través de la pintura romántica.





"El monje se halla absorto. Su breve silueta, es, apenas, un minúsculo accidente que no llega a turbar el predominio de los tres reinos. Tierra, mar, cielo, tres franjas infinitas empequeñecen la presencia del solitario; posiblemente el gran ruido del silencio le anonada. La inmensidad le causa una nostalgia indescriptible y, asimismo, un vacío asfixiante. La antigua grandeza, perdida en el horizonte, le es retornada en forma de angustia: el mar se abre a sus pies como un fruto dulce y amargo".


Según Argullol, en el romanticismo el paisaje se vuelve trágico ya que representa la separación entre el hombre y la naturaleza. El hombre se siente insignificante ante una naturaleza grandiosa y amenazante.

El autor del cuadro es: Caspar David Friedrich